Cuentos con moraleja: "Mis abogados defensores" (r)

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Después de haber vivido decentemente en la tierra, mi vida llegó a su fin. Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre un banco, en la sala de espera de lo que imaginaba era un juzgado. La puerta se abrió y se me ordenó entrar y sentarme en el banquillo de los acusados. Cuando miré a mi alrededor vi al fiscal, quien tenía apariencia de villano y me miraba fijamente; era la persona más demoníaca que había visto jamás.

Me senté, miré hacia la izquierda y allí estaba mi abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar. Junto a él una mujer un poquito mayor que él, que de vez en cuando le cuchicheaba al oído.

La puerta de la esquina se abrió y apareció el Juez vestido con una túnica impresionante. Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él. Se sentó y dijo:

—Comencemos.

El fiscal se levantó y dijo:

—Mi nombre es Satán y estoy aquí para demostrar por qué este individuo debe ir al Infierno.

Comenzó a hablar de las mentiras que yo había dicho, de las cosas que había robado en el pasado. También habló de otras horribles cosas y perversiones cometidas por mi persona. Cuanto más hablaba, más me hundía en mi silla de acusado. Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a nadie, ni siquiera a mi abogado. Mientras tanto, Satanás seguía mencionando pecados que hasta yo mismo había totalmente olvidado.

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A Jorgito no le va bien la Cuaresma (r)

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La Cuaresma de Jorgito no marchaba bien. Nuestro protagonista (que es pequeño, pero no tonto) se dio cuenta de que algo fallaba. Cada día que pasaba se notaba más frio, con mayor dureza de corazón; estaba irascible y distraído. Por si fuera poco, su gran Amigo, Jesús, no se le aparecía en la oración de las noches, y aunque lo buscaba, terminaba durmiéndose en la soledad oscura de su dormitorio. Jorgito andaba preocupado.

Llevaba así desde Miércoles de Ceniza. Ese día, acudió a Misa junto a su familia; como todos los años. Pero, en esta ocasión, se percató de la actitud del resto de feligreses, y en especial, de los niños de catequesis. Obligado por don Antonio a “ponerse las cenizas”, la Santa Misa se convirtió en un vaivén de niños lectores, de risas burlonas ante los atragantos de lectura, y de padres aburridos ojeando el reloj sin pudor alguno, a la espera de que llegara el socorrido “Podéis ir en paz”.

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Jorgito y el Vía Crucis (r)

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La familia de Jorgito se encuentra en la casa de campo, disfrutando de un fin de semana primaveral. Durante la mañana, estuvieron trabajando en el pequeño huerto que la familia decidió plantar hacía unos meses —¡qué ilusión recoger los primeros guisantes verdes!—, y la tarde la emplearon en corretear por la finca en busca de las monedas de chocolate que les regaló la abuelita. La elaboración del mapa del tesoro les llevó algún tiempo, pero la búsqueda posterior entre árboles, matorrales y pedruscos mereció la pena.

Contemplando el atardecer, el padre, inspirado por el bello día, decide celebrar un Vía Crucis familiar:

 —¡Hijos, necesito dos palos de madera! ¡Vamos a hacer una cruz!

—¿Para qué, papa? —pregunta curioso el hermano mayor.

—Ya lo veréis.

 Los hijos se ponen en marcha y, en menos tiempo del que tardaron en devorar las chocolatinas, aparecen triunfantes con dos pequeños maderos en sus manos. El padre los engarza con un alambre que tenía en casa y, de esta forma, consigue una rudimentaria, pero noble, cruz.

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Cuentos con moraleja: "El milagro de la canción de un hermano" (r)

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Como cualquier madre, cuando Karen se enteró de que otro bebé venía de camino, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo de cuatro años a prepararse para la llegada del nuevo hermanito. Cuando Michael se enteró se llenó de gran alegría. A Michael le gustaba cantarle bellas e infantiles canciones mientras ponía las manos en la barriguita de su mamá y sentía el movimiento del nuevo hermano.

El embarazo progresó normalmente para Karen, un miembro activo de la Iglesia de St Patrick en Morristown, Tennessee. Llegaron las contracciones del parto, pero surgieron complicaciones, por lo que fue llevada rápidamente al hospital. Los médicos dijeron que iba a ser un parto de horas y que probablemente requeriría de una cesárea.

Finalmente, la pequeña hermana de Michael nació; pero estaba grave. Con la sirena aullando en la noche, la ambulancia llevó al bebé a toda prisa a la Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos del Hospital St. Mary’s en Knoxville, Tennessee.

Los días pasaron lentamente. La pequeña empeoró. El pediatra dijo a los padres:

—Hay muy pocas esperanzas. Estén preparados para lo peor.

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Cuentos con moraleja: "Para animarle a usted" (r)

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Dos hombres, los dos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde durante una hora para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. Durante horas hablaban de sus mujeres y sus hijos, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones…

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban y jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje y se podía ver en la distancia una bella vista de la ciudad.

El hombre de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos. El del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

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Cuentos con moraleja: "Aprendamos a controlar nuestros nervios" (r)

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Una pareja de jóvenes llevaba varios años casados y no habían podido tener hijos. Para no sentirse solos, compraron un cachorro y lo querían como si fuera su propio hijo.

El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso perro; salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por ladrones. Siempre fue muy fiel, quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro.

Después de siete años de tener al perro, la pareja logró tener el hijo tan ansiado. La pareja estaba muy contenta con su nuevo hijo y disminuyeron las atenciones al perro. Este se sintió relegado y comenzó a sentir celos del bebé y ya no era el perro tan cariñoso y fiel que tuvieron durante siete años; o al menos esa era la impresión que a ellos les daba.

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Cómo llegar a San Alberto Magno

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